lunes, octubre 13, 2008

Y el de TERRA


Que había olvidado subir...Claro, sé que el sitio lo conocen como MENTERRA o se dice tiene "menos credibilidad que Terra"...PEro ahora, creo que están en la razón :-)

sábado, septiembre 27, 2008

L.A Rojas en la prensa





jueves, mayo 22, 2008

La Plaza. Parte XIV

Benjamín no supo cómo reaccionar. Se desplomó de espaldas contra la pared, tirando el bastón al menos dos metros más allá de donde estaba.
Desde siempre la sangre le producía extrañas reacciones en su organismo y sumado a que era su hermano quién estaba en el piso, la desesperación pudo más que toda su templanza habitual.

Gateó hacia Andrés y con dificultades le tomó el pulso. Aún tenía, muy débil pero su corazón no había cesado de latir.

Trató de hablarle, pero Andrés no respondió. Se levantó a buscar su bastón, se paró y trató de salir al patio de atrás, donde alguien tenía que haber activado las luces al momento que el ingresó a la casa.
Salió lo más rápido que pudo y alcanzó a divisar una sombra que estaba más atrás.
- ¿Quién anda ahí? Lo veo, así que salga que ya llamé a los Carabineros.

Desde atrás una voz masculina respondió.
- ¿Ya llamaste? Vaya. ¿Y cómo lo haces para llamar con la línea cortada? -. Se escuchó desafiante.
- ¡Llamé desde mi celular! -. Elevó la voz Benjamín.
- ¿Tu celular? Benjamín, Benjamín. ¿Para qué mientes? ¿Viste que por esas cosas no pudiste ser curita?
En ese momento, Benjamín reconoció la voz.
- ¡Gustavo! ¿Pero qué hiciste asesino?
- ¿Yo asesino? Ahora resulta que el niñito modelo del barrio, es un angelical ser que no es capaz de matar a una palomita. ¡A mi no me mientes degenerado!
- ¿Pero de qué habla? Debo llamar a una ambulancia, mi hermano está grave y si tienes algo de compasión, debe ayudarme.
- ¿Compasión? Pero de qué me hablas niñito. Puedes salir y llamar a Carabineros, ambulancia, al que sea. ¿Quién te lo impide?
- ¡Pero qué es este juego! Un hombre esta muriendo y sigues con tus enfermizas actitudes. Estás mal, muy mal.
- Puede que yo esté mal, pero al menos estoy vivo. Y no me estoy muriendo como ese hermano tuyo allá dentro.
- ¡Pero cómo dices algo así! No había visto nunca tamaña actitud de desprecio hacia un semejante.
- jajaja. Cómo me haces reír curita fracasado. ¿Hablando de compasión? ¿Y acaso ustedes el par de degenerados la tuvo con mi anita?
- Pero si yo no sé qué le pasó, no sé ni siquiera de qué murió y si no me hubieras contado, tampoco me entero.

Sin avisar, Gustavo salió de las sombras desde donde estaba. Vestía un uniforme que le parecía familiar a Benjamín, pero que no logró identificar con exactitud.
Hizo el amague de responder, pero la actual situación era de tal gravedad que no podía perder el tiempo de esa forma, por lo que se dirigió rumbo a la calle para buscar ayuda para su hermano.
- No es necesario que te apures tanto amigo, de la forma en que tiene enterrado ese cuchillo, si alguien lo llega a sacar se desangrará de tal forma que en poco rato muere. Yo que tú, aprovecho los últimos minutos con él para conversar y verlo antes que deje de respirar.
- Eres un animal, eso eres maldito -. Vociferó lleno de rabia Benjamín.
- ¡Hasta que sacó su verdadera máscara el curita! -. Exclamó burlesco Gustavo.- Ya me estaba poniendo nervioso, tantas semanas, tantos días que yo me pregunté hartas veces cual era el límite que tendría. Pero ahora veo que estaba por reventar en el momento que menos lo esperaba.
- Estás loco, enfermo. Iré a llamar a Carabineros y me encargaré de secarte tras las rejas.
- ¡Pero si es toda furia ahora el santito! ¿Te costó mucho esconder tu verdadera fachada?
- Búrlate lo que quieras infame asesino, que veremos cuánto tiempo más podrás estar libre.
- Como quieras amigo cura. Lo que sí, te recomiendo no salir sin el encargo que tiene tu hermano.

Benjamín lo miró extrañado sin entender lo que decía. “Lo que hay bajo su cuerpo curita” agregó Gustavo.
Se frenó y volvió a la pieza. Se inclinó y con sus brazos levantó con dificultar el cuerpo de su hermano. Encontró dos pedazos de papel pegados uno tras otro. El de arriba, era parte de su diario y decía:
“Las palabras de Ana no alcanzaron a esconder la verdad. Ni ante los ojos de quienes intentaron cobijarla, ni ante los externos que intentaron ayudarle y menos aún, entender qué sucedió en su vida para llegar a ese punto.

El génesis, fue el bastión de su deshonra. El final, la redención de su alma. Su vida, el bastidor del bastión. Su decisión, el fin de la deshonra.

Pero algo no dijo. “Mi vida no nació en un respiro”. O aún no lo ha dicho….”

Lo levantó y encontró otra nota de una letra que no pudo identificar a la primera, fechada en febrero de 1990 y en la que se leía:
“Esperamos que no sufra daño por lo sucedido, que pueda seguir una vida normal tras lo que pasó. Fue un accidente, lo tenemos claro. Pero haber matado a su hermano, lo ha dejado sin habla ya por casi dos meses. Ha vuelto a comer y a demostrar ciertas emociones, pero esperemos que esto vaya en aumento.

Quería mucho a Andrés y las pocas veces que habla, son para pedir que lo maten por haber mandado al cielo a su hermano.

Veremos cómo evoluciona y si debe aumentarse la medicación. Pero no descuidaremos a Benjamín en ningún momento”

Benjamín, tomó el papel. Lo arrugó con su mano derecha y no pudo contener una lágrima que se escurrió por su cara

se viene...capítulo final de larga duración (ni tanto, jeje)
Entre 29 y 31 mayo

martes, abril 22, 2008

La Plaza. Parte XIII

- ¿Con mi padre? Pero qué cosa me dice señora, si él vive en el sur hace tiempo y cada vez que viene me avisa. ¿A qué hora me vio?
- No recuerdo bien hijo, pero habló hace algunas horas temprano. Yo a su papá no lo conocí, por eso no puedo diferenciarlo bien.
- ¿Entonces por qué dice que era mi padre así tan segura?
- Por lo que le digo hijo y que además, era usted quién estaba con él. De eso estoy seguro.
- ¡Pero si yo a esa hora no estaba señora! -. Respondió categóricamente Benjamín.
- Pero de eso estoy segura, le prometo hijo -. Afirmó la mujer, haciendo el gesto de la cruz frente a su rostro.- Es más, estaba con una ropa muy parecida a la que tiene ahora.

Benjamín la miraba y no le parecía que la vecina estuviera con mentiras, tan así, que su preocupación aumentó ostensiblemente y lo primero que pensó, que un impostor se hizo pasar por él o bien, todo era parte de un enfermizo juego en el que Ana de seguro estaba involucrada.
- Señora, respóndame sinceramente. ¿Está segura que a esa mujer no la conocía de antes?
- Sí hijo, totalmente segura. ¿Para qué le mentiría? A usted poco y nada lo conozco, a ella menos. De vista solamente.
- ¿Pero usted sabe que esa mujer murió hace algunos días cierto?

La mujer lo quedó mirando impactada. Se movió hacia atrás y respondió.
- ¿Qué está diciendo joven? Si esa mujer no ha muerto. Nadie ha muerto en el barrio, créame que si alguien muere en estas cuadras, todos nos enteramos.
- Pero un tipo que vivía con ella, me aseguró que había muerto. Que se suicidó.
- Pero hijo, el barrio es pequeño, nos conocemos todos. ¿Cómo crees eso sin confirmarlo? No es por nada, pero acá no se muere nadie sin que todos sepamos. Si hasta cuando salen de la ciudad todos nos enteramos -. Aseguró, no sin antes soltar una risotada tras decir estas palabras.

Benjamín encontró sentido a lo que la mujer decía. Se despidió amablemente de ella y volvió a su casa.
Cada vez la cojera era menos y estaba muy cercano a dejar de usar bastón, por lo que podía caminar con mayor rapidez.

Llegó a su casa, la patrulla de Carabineros ya se había retirado del lugar y extrañamente el foco de fuera de su hogar no funcionaba, lo que hacía muy oscura su llegada en una calle que de por sí tenía problemas de iluminación.
Tocó el timbre en reiteradas ocasiones, pero nadie salió a abrir. Sacó su llave y entró. La casa estaba con todas las luces apagadas y en total oscuridad. Trató de prender la luz, pero las ampolletas no respondían. Llamó a Andrés más de una vez, pero éste no atendía.

Avanzó por la casa y en todas las habitaciones la respuesta fue la misma. Las luces no prendían y su hermano no aparecía.
Llegó hasta la el patio trasero, en dónde se encontraba los interruptores que daban la luz de toda la casa. Pero la situación era la misma, una total oscuridad le complicaba más aún el panorama.
Volvió a entrar a su casa a llamar por teléfono. Pensaba que era un problema mayor, por lo que decidió comunicarse con la compañía de electricidad a consultar por la situación que estaba viviendo.

Llegó al living y misteriosamente el teléfono no tenía tono. El otro aparato que tenía en su casa estaba en su dormitorio, por lo que sin perder tiempo y tratando de no golpearse con nada, se dirigió a su pieza para realizar la llamada.

Su puerta estaba aparentemente cerrada. Trató de empujarla, pero algo impedía que se moviera y no podía entrar. Empujó con más fuerza, pero era inútil, algo trababa desde adentro.
Decidió hacer palanca con un fierro que tenía en su cocina. De tanto empujar, movió finalmente la puerta y pudo entrar. Al dar el primer paso, su bastón alcanzó a tocar un bulto blando que estaba en el piso. Lo movió y justo en ese instante, las luces de la casa se prendieron todas al instante.

Al ver el piso de su dormitorio, el mayor escalofrío de su vida le recorrió su humanidad. El cuerpo de su hermano Andrés, yacía ahí ensangrentado y con un puñal en su pecho.

Continúa jueves 1º de mayo. Penúltimo capítulo.

jueves, abril 03, 2008

La Plaza. PArte XII

- ¿Una denuncia? ¿Pero quién pudo haber hecho esto?
- Nos llamó un vecino, que nos señaló que su hermano habría invitado a menores de edad a su casa en actitudes sospechosas.

A Benjamín se le desfiguró el rostro. No podía creer lo que estaba escuchando por parte del Carabinero, por lo que preguntó.
- ¿Está seguro de lo que dice señor? ¿No será una broma todo esto?
- No joven, nadie bromea con una cosa así. La denuncia la recibimos hace unos días y nuevamente la confirmaron ayer.
- ¿Quién lo llamó para decirlo eso?
- Esa información no se la podemos dar, es confidencial.
- ¡Pero debo saberlo! Están acusando a mi hermano de algo gravísimo.
- Joven, acá nadie está acusando a su hermano. Sólo tenemos una denuncia y estamos haciendo las averiguaciones de rigor.
- ¿Pero eso no está a cargo de un departamento de delitos sexuales o algo así?
- Así es joven, pero nosotros somos quienes realizamos las primeras averiguaciones de rigor. Así que por favor le pido que llame a su hermano para hacerle un par de preguntas.

Benjamín no preguntó más. De alguna forma se sentía mal por la noticia que estaba recibiendo y llamó a Andrés desde la puerta.
Su hermano se acercó a él, lo miró sin saber qué pasaba y salió a la calle. Cerró la puerta y Benjamín se retiró a su habitación.

Pasaron más de diez minutos de conversación entre Andrés y la policía, cuando el teléfono anunciaba la llamada de alguien. Benjamín apuró su caminar para alcanzar a responder, pero el aparato dejó de sonar. Revisó el registrador de llamadas y el número que aparecía le sonaba conocido, pero no logró ubicarlo.

Mientras miraba la pequeña pantalla, el teléfono nuevamente recibía una llamada desde el mismo número. Benjamín no dudo un segundo y respondió.
- Aló -. Respondió con la voz más baja de lo habitual.
- Aló. Me comunida con Benjamín Abarca por favor.
- Con él habla -. Respondió.- ¿De parte de quién?
- Hola Benjamín. No me conoces muy bien, pero habla con la señora Graciela. Soy la dueña del local de pollos asados que está al frente de la plaza Bogotá.
- Ah sí -. Recordó Benjamín.- ¿Cómo está señora?
- Muy bien, gracias hijo -. Respondió sin agregar más palabras.
- ¿A qué debo su llamada?
- Es algo complicado de hablar por teléfono. Por no decir delicado, por lo que me gustaría que nos juntáramos a conversar unos minutitos y le explico.
- Pero señora. A usted sólo la conozco de vista, al menos dígame de qué se trata.
- Se trata de algo que podría ayudarle a usted y a su hermano. No puedo decirle más por teléfono.

Inmediatamente Benjamín asoció lo que estaba sucediendo en estos días y en ese preciso instante a Andrés, con la llamada de la mujer.
- ¿Y cuándo quiere juntarse a conversar?
- ¿Cuándo puedes hijo? -. Preguntó Graciela.
- No sé. ¿Ahora?
- Ya, mucho mejor ahora. Veámonos al lado de la cúpula de la plaza en diez minutos. ¿Está bien?
- Bueno, en diez minutos estaré ahí. Puede que me atrase un par de minutos, por mi lesión aún no puedo caminar muy rápido, pero ahí estaré.
- Gracias hijo, no te preocupes si te atrasas. Yo estoy ahí mismo, así que llega tranquilo y trae alguna chaqueta que está medio helado.
- Gracias por su preocupación señora, nos vemos luego.

Benjamín poco entendía lo que sucedía, pero tras colgar el teléfono, abrió su closet desde donde sacó un abrigo para salir a conversar con Graciela. Por un segundo, olvidó que su hermano estaba conversando con Carabineros fuera de la casa. Se asomó levemente y seguía tratando con ellos, pero en un ambiente de calma que no hacía prever ningún problema mayor.

Se arregló y salió. Preguntó a su hermano si estaba todo en orden, a lo que respondió que sí, que era un malentendido y luego le contaría. El carabinero con el que conversaba ratificó lo dicho por Andrés y Benjamín se despidió de ambos y se dirigió hacia la plaza.

Se encontraba mejor de su dolencia, por lo que pudo caminar más rápido que los días pasados. Llegó a la cúpula, al punto de encuentro con la señora Graciela. Ella ya se encontraba ahí y lo saludó afectuosamente e invitó a sentar en una banca.
- Bueno, usted dígame qué es lo que quería decirme.
- Mira hijo, sé que te debe llamar la atención que te haga llamar a esta hora.
- No se preocupe señora. Además, yo le propuse vernos ahora. Así que dígame lo que tenga que decirme, pues me tiene bien intrigado con esto.
- Resulta hijo -. Sacando un sobre de su cartera.- Que yo vivo hace varias décadas en este barrio. Tú sabes, es un barrio de gente muy tranquila, decente, trabajadora y que casi no se ha cambiado en años.
- Sí, algo de eso sé. De hecho con mi hermano crecimos acá y mis padres vivieron en esa casa desde hace muchos años, antes que se fueran al sur. Aunque hace años perdimos contacto con ellos. Por otro lado, sé que la gente no se mueve mucho de acá y en realidad no hay para qué. Es tranquilo.
- ¿En serio me dices eso?-. preguntó con sorpresa la mujer.
- Sí, en serio lo digo eso. ¿Qué tiene de raro?

- Nada, en realidad no tiene nada de raro. Como te decía, llevo toda una vida en este barrio, podría decir que conozco a toda la gente a cuadras a la redonda y eso no es poco, pues es harta gente. Aunque no se vean mucha en la calle, no deja de ser.
- Sí, le entiendo perfectamente señora Graciela. ¿Pero qué tiene que ver conmigo esto?
- Con ustedes hijo, con ustedes.
- ¿Se refiere a mi hermano también?
- Así es hijo, así es.
- Pero entonces la escucho lo que tenga que decirme.
- Toma, aunque está medio oscuro trata de leer esto. Acércate al foco que está más allá -. Indicándole una luz unos metros más adelante, mientras le pasaba un sobre.- para que puedas leer.

Benjamín fue bajo el fuerte foco que iluminaba su zona. Leyó rápidamente. Dobló la hoja y volvió a meter al sobre.
- Señora. ¿Quién le entregó esto?
- La mujer con la que hablabas todos los días en esta plaza.
- ¿Todos los días? Sí, me juntaba con ella a conversar. Pero no todos los días.
- ¿En serio hijo? Pero si durante un par de meses los vi a diario, sagradamente a las mismas horas. Al principio más tarde, pero luego más temprano. Como al mediodía.
- Señora -. Respondió Benjamín, inquieto ante lo que le contaba la mujer.- ¿Está seguro que era yo?
- No totalmente. Pero yo los veía todos los días.
- ¿Pero está totalmente segura que era todos los días y que era yo?
- Ahora que me lo dices, quizás te confundí. Pero si no eras tú, era alguien muy parecido.
- Debe ser eso señora, me debe haber confundido.
- Pero igual es raro hijo.
- ¿Y por qué raro?
- Pues sí puedo confundir a una persona con otra. Pero dos personas que andan con bastón…¡Es mucha coincidencia!
- Pero. ¿Está segura que la persona con la que se veía siempre tenía un bastón?
- Sí hijo, estoy segura.

Benjamín quedó pensativo. Lo que acababa de leer en cierta forma lo había conmocionado y la modorra con la que estaba hace un par de minutos, de inmediato se le fue.
- Señora. ¿Sabe qué dice el sobre no?
- No hijo, venía sellado y así te lo entregué. Fue lo que ella me pidió expresamente.
- ¿Y cuándo se lo entregó?
- Ahí sí que no sabría bien. Pero deben ser hace como dos semanas.
- ¿Y por qué me lo entrega recién ahora?
- Pues así me dijo ella. Pero me dijo que se lo entregara en la mañana temprano de esta fecha, ni un día antes ni después, pero todo el día lo estuve llamando y no lo encontré.
- ¿Y por qué me dijo que era por el bien de mi hermano y mío si me dice que no lo había leído?
- Ella me dijo que así se lo contara para que me creyera.
- ¿Pero no me vio cuando estuve acá en la tarde? ¡Podría habermelo entregado ahí!
- Sí, ahí se lo iba a entregar. Pero como estaba con su padre, no quise molestarlo.



continúa....algún día de la próxima semana

lunes, marzo 24, 2008

La Plaza. Parte XI

- ¿Su padre? -. Respondió preguntando con los ojos muy abiertos.- Creo que sus bromas están llegando demasiado lejos -. Agregó, temiendo y temblando ante la idea que lo que acababa de oír fuera cierto.
- ¿Mis bromas? -. Se volvió Gustavo hacia Benjamín.- Veremos hasta donde pueden llegar según tú entonces, cuando conversemos esto en tu casa. Ah, no te preocupes que esté el marica de tu hermano presente.
- ¡Eso no se lo voy a aguantar! Con la familia no se meta.
- ¿Sí? Vaya, desde cuando el curita fracasado salió tan preocupado de estas cosas. ¿Desde ahora sería?
- ¡Pero hable claro por favor! -. Respondió un Benjamín totalmente fuera de sus casillas.
- Ya hablaremos más tarde -. Amenazó Gustavo y se fue.

Benjamín estaba choqueado. La noticia de Ana no sabía cómo tomarla, si como algo real o parte de la locura de un tipo que cada vez lo confundía más. Partió rumbo a su casa. Llegó temprano, tomó una pastilla y comenzó a dormir.
Lo despertó un fuerte portazo que sintió cuando llegó su hermano. Se levantó y se acercó a él.
- Andrés, necesito hablar una cosa urgente contigo.

El tema de Ana hacía días que ya no era parte de las conversaciones entre ellos, por lo que no pensó que fuera sobre esto lo que quería hablar. Pero la cara de preocupación que vio en Benjamín de inmediato le llamó la atención y de alguna forma lo asoció a este reciente episodio.
- ¿Qué te pasó Benja?
- A mi nada -. Respondió.- Pero me acabo de encontrar con ese tipo, Gustavo y me dijo que Ana había muerto.
- ¿Qué Ana había muerto? ¡Pero así como nada me lo dices!
- ¡Pero es que no estoy seguro que sea cierto lo que me dijo! No le creí mucho en realidad.
- ¡Pero no se trata de creer o no! -. Gritó Andrés.- Es una vida y no es llegar y jugar con algo así.
- ¡Si no estoy jugando! El tipo me dijo eso. Que hace unos días ella se había suicidado. Que él se encontraba fuera de la ciudad y que al volver se encontró con eso.
- Disculpa Benja. Pero no pareces muy afectado por esto.
- ¿Cómo voy a estarlo? Sinceramente no le creo mucho a este gallo, no es alguien de confiar y sus amenazas siempre han sido raras.
- Pero Benjamín! Acá no hablamos de amenazas o personas de confianza. Estamos discutiendo sobre una vida, de una amiga tuya y alguien a quién estimabas. Me sorprende tu frialdad.
- No soy frío Andrés, no me digas eso -. Respondió afectado Benjamín.- Pero es que este tipo no es de fiar. ¿Sabes qué más dijo?
- Qué más Benja, dime qué otra gracia dijo este tipo.
- Que vendría a conversar acá. Y te mencionó…
- ¿Me mencionó? ¿Y qué dijo?
- No te va a gustar lo que dijo Andrés.
- No me importa eso. Dime qué fue lo que dijo sobre mí.
- Que vendría a conversar acá y que no importaba que estuviera el marica de mi hermano.
- ¿Eso dijo? -. Saltando una risotada.- Vaya, así que el tipejo este me insulta de la nada. ¿Te has fijado de algo Benja?
- Que tanto a ti, ahora a mí y por lo que me decías de su trato hacia Ana, pero este gallo es bien bueno de tratar de degenerados y mariconear a todo el mundo. Algo raro puede haber ahí, sumado a la agresividad que tiene, que proyectaba en su mujer y en ti también.
- Eso es otra cosa preocupante Andrés.
- ¿Qué cosa?
- Me dijo que Ana no era su esposa. Que era su hija.
- Vaya -. Respondió Andrés, mirando por la ventana hacia fuera de la casa.- Eso sí que es bastante turbio por decir algo suave.
- ¿Y qué haremos cuando venga?
- Atenderlo pues. Y sabremos si es que está mintiendo o no. Pero la situación es muy rara, yo que tú hermano, llamaría a Carabineros por si acaso. Al menos, dejar constancia de lo que sucede.
- ¿Pero qué diremos? Si efectivamente Ana se mató, no hay nada que ellos puedan hacer.
- Benja, una pregunta. ¿Sabes cual es el apellido de ella?
- No, ahora que lo pienso no. Nunca me lo dijo, nunca se lo pregunté y tampoco se lo consulté a algún vecino.
- ¿Sabes Benja? Llamemos a Carabineros mejor, pues hay harto que aclarar acá y no me parece seguro que un tipo así de desequilibrado como él, nos venga a ver como si nada. No me gusta para nada eso. ¿Estamos?
- Sí Andrés, confío en tu criterio. Llamemos y veamos qué pasa.

Al instante, unas luces afuera de la casa irrumpieron la tranquilidad y el timbre sonó.
- ¿Quién será? -. Preguntó Andrés.
- No sé, parecen las luces de una ambulancia. Yo abriré -. Dijo Benjamín.

Al instante quedó perplejo con lo que se encontró tras la puerta. Era una patrulla de Carabineros quién anunciaba su llegada.
- ¿Sí? ¿Qué desean?
- ¿Acá vive el señor Andrés Abarca?.
- Sí, es mi hermano. ¿Por qué lo buscan?
- Tenemos una denuncia en su contra. ¿Nos permite pasar?


Continúa jueves 27

jueves, marzo 13, 2008

La Plaza. X parte

- ¿Qué maté a tu anita? ¡Qué cosas dices!
- Mataste a mi niña. Le llenaste de cosas la cabeza, la llenaste de huevadas y veneno. Tú la mataste Benjamín.
- ¿Qué yo la maté? ¡Pero si ella está viva! Hace apenas unas dos semanas que la vi y hablé con ella. ¿De qué me habla señor?
- Veo que no me entiendes. Veo que sigues viviendo en la burbuja de toda tu vida.
- Mire Gustavo, no sé qué quiere decir con eso. Pero me está asustando y ya Ana me hizo jugar algo bastante cruel y enfermo.
- ¿Más cruel y enfermo que la muerte misma por tu propia mano?
- ¿Qué por la propia mano? -. Preguntó Benjamín asustado y sospechando algo.- ¿A qué se refiere?
- Dado que parece que además no eres muy rápido. No me queda más que decirte que justo hace dos semanas mi anita se mató.

Benjamín no podía creerlo. Miraba a Gustavo y el hombre solamente asentía con la cabeza ante la incredulidad de la noticia recibida. Tomó airé y trató de hablar lo más normal posible.
- ¿Pero cuándo pasó eso?
- Pero si te lo acabo de decir. Hace dos semanas. Y ahora me entero de casualidad, que justo justo la habías visto ese día.
- ¡Pero si cuando conversé con ella estaba bien! Incluso se le había ido esa tontera que se le había metido en su cabeza.
- ¿Tontera en su cabeza? ¿Qué me estás queriendo decir?

En ese momento Benjamín no se atrevía a señalarle a Gustavo lo conversado en profundidad durante varios días. El impacto de la noticia no le había dejado tranquilo para conversar una cosa así, por lo que trató de esquivar la respuesta.
- Que quería dejarlo. Que ya estaba aburrida y cansada.
- ¿En serio? -. Respondió Gustavo.- Bueno, la edad también que tenía ella. Esas cosas pasan tras cierto tiempo. ¡Todo el mundo se agota pues!

La indiferencia con la que Gustavo hablaba de Ana, no solamente sacó de sus casillas a Benjamín, sino que le hizo dudar de la veracidad de la información entregada por él.
- ¿Sabe? No le creo nada. No puedo entender que hables así como cualquier cosa de una persona muerta y que supuestamente amabas.
- ¿Yo le amaba? ¡Acabo de enterarme de eso! -. Señaló con burla.- ¿Qué puede saber un cura fracasado de amor?
- ¡Pero hable en serio por favor!
- ¿Y quién está hablando en broma? Mi niña se fue, tú la mataste Benjamín. La envenenaste, le llenaste la cabeza de toda la mierda posible. Y créeme que esto no se va a quedar así.
- ¿Qué yo le envenené la cabeza? No le estoy entendiendo, así que le pido que sea claro. Si esto es una broma es de pésimo gusto y no estoy dispuesto a seguir jugando a esto con usted y esa mujer.
- ¿Con esa mujer? -. Respondió Gustavo alzando la voz.- Vaya, se te fue todo el amor ahora.
- ¿El amor? Usted está enfermo señor, nada de lo que dice tiene cordura.
- ¿No tengo cordura? Quizás, pero ahora estoy sufriendo. Al menos tengo la suficiente tranquilidad para ser capaz de leer algo que había en la mano de mi anita al momento de encontrarla en la casa.
- ¿Ser capaz de leer algo de ella? ¡Sea más claro!
- ¿Qué sea más claro? Como quieras -, Gustavo tomó un papel arrugado, lo extendió y comenzó a leer fuerte y claro:
“Las palabras de Ana no alcanzaron a esconder la verdad. Ni ante los ojos de quienes intentaron cobijarla, ni ante los externos que intentaron ayudarle y menos aún, entender qué sucedió en su vida para llegar a ese punto.
El génesis, fue el bastión de su deshonra. El final, la redención de su alma. Su vida, el bastidor del bastión. Su decisión, el fin de la deshonra.
Pero algo no dijo. “Mi vida no nació en un respiro”. O aún no lo ha dicho….

Benjamín siguió en silencio. Reconoció parte de las notas que sobre la mujer había escrito en su momento. No entendía cómo había llegado a manos del hombre, por lo que inmediatamente asoció a la vez anterior cuando su hermano encontró la pieza desordenada, aquella noche en que por última vez vio a Ana y nunca más supo de ella.
- ¿Cuándo me dice que ella murió? -. Preguntó apesadumbrado.
- Yo estaba fuera de Santiago por razones de trabajo. Llegue hace once días y me encontré con esta terrible noticia. Entré a la casa y no sentí nada raro. Como es grande, avancé por el pasillo hacia el fondo cuando empecé a sentir el mal olor. Llegué a la pieza del fondo, la que ocupábamos como taller y me encontré con ella tendida en un colchón y un montón de frascos de pastilla. Y en su mano este papel arrugado y apretado con fuerza por ella.

El relato estremeció a Benjamín. No obstante lo dramática de la situación, le parecía muy raro la forma tan evidente con la que Gustavo intentaba profundizar y reiterar el asunto de la hoja con esas palabras y sin decirlo, inculparlo de ellas.
- ¿Ya para qué me lee eso? -. Preguntó.
- ¿Acaso me dirás que no tienes nada que ver con estas palabras?
- ¡Pero si se las encontró a ella! ¿Qué tengo que ver yo?
- Mucho debes tener que ver. Ella no tenía más contacto con otra gente estos días que contigo.
- ¿Y eso qué tiene que ver?
- ¿Me estás hueveando muchacho? Sabes que estas palabras no son de Ana. Es su letra, eso lo reconozco. Pero esta forma de escribir ella no la tenía.
- ¡Pero pudo haberlo hecho una amiga! O algún familiar, o alguien del barrio. No necesariamente yo porque conversaba con ella.
- ¿Vas a seguir mintiendo? -. Amenazó Gustavo.- Tengo una paciencia y el luto que guardo es lo único que me impide sacarte la cresta.
- ¡Pero qué cosas dices! Si acabo de enterarme de lo sucedido con ella, me duele mucho pues se había transformado en mi amiga. Y pensar en que yo tengo que ver en su partida, es algo terrible. Algo monstruoso.
- ¿Terrible? Ahora me voy, pero en la noche espero que en tu casa veamos todo lo terrible que será esto si sigues negando esto.
- ¡Pero cómo hablas así tras perder un ser amado!
- ¿Y eso qué te importa a ti? Cura fracasado.
- Me importa, era mi amiga y merece respeto.
- ¿Y acaso tú la respetaste degenerado? ¿Con qué cara dices eso!
- ¡Claro que la respeté! -. Gritó Benjamín, perdiendo totalmente la paciencia ante las palabras de Gustavo.- Mucho más que usted.
- ¿Mucho más que yo? Al menos pude entregarle las cosas que toda mujer quiere y que un cura degenerado como tú jamás podría darle -. Tras señalar esto, dio media vuelta hacia su casa.

Benjamín no aguantó más y respondió.
- ¡Es lo mínimo que un esposo debe entregar a la mujer que ama!

En ese momento Gustavo detuvo su rápida marcha. Se volteó, miró a Benjamín y respondió:
- ¿Su esposo? Además de degenerado eres un payaso. Yo era su padre…